UN NUEVO RESPLANDOR DEL SOL

Amanece en la ciudad.
Yo, me aferro a mi esperanza,
allá lejos:

tiemblan los bosques con sus alas grises y quemadas,
seguidos del dolor latente de los ríos
y la oquedad inerte de buenos deseos,
con la alegría en la mano y un ramillete de leyes olvidado.

Desde lo más lejano allá en el universo
viene volando el sol con “radiación ultravioleta”:
cruza en lo más alto del cielo despejado,
y otras veces permanece quieto: ahí, sólo observando.

Vienen después nuevas primaveras:
con doradas mariposas de lento vuelo
y sus flores de radiantes colores,
a disfrutar con inocencia del resplandor del sol.

Un nuevo resplandor emerge de las sombras,
ahora llegan enormes pájaros zumbando:
unos vuelan cansados por el inmenso mar,
y otros se refugian en antiguas ciudades.

Algo extraño e inaudito pasa aquí en la Tierra
donde los días viajan eternamente y sin retorno,
a las fugaces horas les crecieron alas
y vuelan satisfechas por tiempo indefinido.

El agua en el océano se encuentra embravecida
por toda la inmundicia que llega día tras día;
delfines y ballenas, ya temen por sus vidas;
el cachalote, cuelga su gran cabeza, y muere.

El aire envenenado se llena de tristeza…, y grita:
-¡sálvenme que me muero, parece que es asfixia!-;
¡serán rojos carbones!, o ¡serán centrales térmicas!;
¡serán plantas nucleares!, o ¡será la misma muerte!

¡El suelo chorrea lodo!, y ¡sangre que lo mata!:
¡respira sofocado! y ¡lleno de erosión!;
son muchos los factores que lo han debilitado:
petróleo, sustancias químicas y tala inmoderada …

El planeta cansado ¡de bruces se cayó!:
son tantas sus heridas, que anuncian ya su muerte;
los nuevos habitantes, al verlo fatigado,
decidieron llevárselo entre cantos gloriosos:

¡gran planeta del alma que lloras por la noche!,
¡ojalá sobrevivas a esta prueba mezquina!
del humano inconsciente que lleva en la mirada:
la huella envenenada que no lo deja ver…

Nuevas estrellas hay en el firmamento
titilando en espera de un nuevo renacer; ellas,
llegarán a la Tierra con luces de betún y el pelo suelto,
y con una sonrisa descalza en vez de pies.

Descenderán de naves extrañas y brillantes
en playas encantadas y remotas,
caminarán aprisa por toda la costera
de aquel inmenso océano que cruza la bahía.

Con devoción inaudita y por la noche
se detendrán a orar a su dios en el camino;
y ya con su alma renovada:
elevarán sus cantos por el mundo.

Lucharán los nuevos hombres con cubiertas de plata
montados en caballos genuinos y con brío:
irán hacia los montes, al reino de los pájaros
y bajarán al desierto a unirse con lagartos.

Una capa de ozono de enormes ojos rodea al planeta.
La mirada de ella parece que va herida;
el sol potente con rayos color ultravioleta
¡cruza veloz y trémulo los azulados gases de la atmósfera!

¡Llegarán nubarrones y lluvias torrenciales!,
¡se borrarán los límites entre el mar y las costas!;
¡habrá un sol sofocante entre caminos y pueblos!,
y la esperanza inquieta: ¡vagará sola en el mundo!

¡Sombra que te levantas como alma piadosa!
y reduces los gases y demonios de efecto invernadero:
¡urge contigo evitar una catástrofe de fauces negras y climática!
que reniegue de todo y acabe con la vida aquí en la Tierra;
en fin,
¡urge que el ser humano!…, ¡vuelva a ser humano!,
¡y que sus obras le permitan disfrutar la vida aquí en la Tierra!

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