Pasos que rompen la memoria de los años

Lector, tienes ahora en tus manos este nuevo libro de Erasmo Nava Espíritu: Pasos que rompen la memoria de los años. En sus páginas recrea ambientes citadinos y de todo tipo con una peculiar emoción, como si hubiera llovido adentro de nuestra alma después de visitarlos.

El poeta tiene la capacidad de encomendar a la metáfora el destino de un barrio, preservado en forma de recuerdo: su poesía desarrolla la grata virtud de reorganizar lo contemplado por el poder del signo evocativo. Los pendientes levantan las palabras que caen de sus manos, “sólo para decir adiós”.

En la oportuna recreación de estos paisajes de ciudad que han madurado cuidadosamente en su voz poética, se maneja a los recuerdos con el frescor de un ser que da valor a la vida, asemejándose al vuelo espiritual que la alta literatura mística arranca a los vientos, o bien, suele encargar a las palomas, y así, nos brinda el poeta Erasmo Nava Espíritu, esa llamada “a misa” con su alcance irrepetible y único: “Como palomas blancas llegan jadeando los recuerdos”.

Es que, del paisaje exterior, pasamos al paisaje interior. Casi sin notarlo nos enriquecemos con los Pasos de Erasmo, que consisten en eso. Abolir la memoria de los años. Cuando el recuerdo resplandece lo demás se apaga, nuestro mundo vital se ha enriquecido. Algo surge y camina hacia el tiempo de la revelación.

Si hubiéramos de buscar una constante en su estilo, tendríamos la manera eficaz de redireccionar el texto hacia el final, con frases oportunas que alertan el sentido y lo cambian todo a partir de una última revelación: “Todo esto se mueve como un enorme animal de cien patas que jadea”.

Atrae asimismo, su facilidad para el cierre de capítulos, como ocurre al introducir el siguiente giro adversativo que guarda la posibilidad de transformar el entorno: “…pero la vida sigue por donde emigran y van cantando las palabras”.

Una constante en la forma de poetizar: el alma se enriquece con lo humano. Erasmo no desdeña los motivos que la calle le ofrece; en un poema escrito en 2003 recopilado en: Cuando los dioses hablan y otros poemas (Editorial Garabato), no vacila en prodigar a un personaje que vendía con ansia, el hondo trazo: “eras el arrebato de la alegría más pura”. En su Oración a los Humanos, gana el juego del tiempo a favor de su amada Luz María, al invocarla en el pasado que adelanta el futuro y declararle su amor desde el fondo del alma, amor que se creó “cuando en silencio cruzaste las calles del mañana”.

En La danza mortal de las palmeras, (Verso Destierro) ya en 2011, sigue a Efraín Huerta al Más allá de la poesía, y así llegamos al Erasmo de hoy, que en la valiosa obra que nos ocupa reúne el trazo, el color y la impronta de lugares pisados por el alma que en seguida los vuelve, como él, espirituales, para que nos hagamos todos al andar, que es cuando se hace camino; al beneficio del viaje que una vez iniciado en sus palabras, seguiremos en fe de ruta, movimiento y asombro hacia la luz que no acaba…

Vayamos, pues, querido lector, hacia el imaginario con sus verdes prados donde nada nos falta, demos vuelta a la hoja donde se crea el hechizo en que el poeta nos hace pastar, porque estamos a punto de zarpar, es el instante de emprender la lectura que un llamado nos urge a continuar, hacia el futuro que es caminata, puente, atajo de donde no se vuelve nunca igual.
Carlos Santibáñez Andonegui Primavera 2015

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