Cuando los Dioses hablan y otros poemas,

De lo Cotidiano a lo Trascendente

Erasmo Nava Espíritu, economista con Maestría en Planificación del Desarrollo Regional, y Poeta, oriundo de Mochitlán; nos presenta hoy su segundo libro de poemas “Cuando los Dioses hablan y otros poemas, de lo cotidiano a lo trascendente”, publicado por Garabato editorial, con un tiraje de dos mil ejemplares.

El libro está dividido en 5 capítulos, con el prólogo de Abel Pérez Rojas. El primer capítulo contiene los “Poemas urbanos”, donde el autor se muestra como un gran observador de la vida cotidiana de las colosales urbes como es el caso de la Ciudad de México, considerada como una de las ciudades más grandes del mundo.

La capacidad de asombro de Nava Espíritu, se despliega en los poemas dedicados a los “Ángeles urbanos”, que según mi entender son su propia familia (esposa e hijos), como se muestra en el siguiente fragmento:

“Así llegaron ellos
al corazón de la ciudad ahogada;
así llegaron ellos,
como ángeles alados, y en actitud callada;
así llegaron ellos,
preocupados y angustiados, venidos de la nada;
así llegaron ellos,
irrumpiendo entre la multitud, de enormes avenidas;
así llegaron ellos,
imponiendo la ley de la preocupación y de la angustia;
así llegaron ellos.
Sí, eran ellos, lo sé:
eran Augusto, Bruno, Norma y Luz María.
Lo sé, eran ellos”…

Y en el poema “La pareja urbana”, nos da testimonio: que en la tremenda soledad de la urbe, las parejas desafían a la muchedumbre masificada para reafirmar su amor.

En el segundo capítulo, titulado “Poemas con dedicatoria”, destaca el poema dedicado a Facunda “la loca”, personaje típico de las calles de Mochitlán. Y que nos hace recordar a los necesarios locos de los pintorescos pueblos de nuestro estado; esos personajes inolvidables que nos asombraron de niños y nos persiguen en la memoria de adultos desarraigados de nuestro terruño.

El tercer capítulo titulado “A las ciudades de México”, a manera de notas de viaje registra el asombro que le causa la belleza de nuestra provincia mexicana.

En el cuarto capítulo: “Poemas al amor”, le canta a la musa, a la mujer, al amor con la nostalgia que le acomoda en las tardes que le permiten tomar el lápiz y escribir.

El quinto capítulo titulado “Poemas a la vida”, inicia con el poema que le da título al libro: “Cuando los Dioses hablan”, donde basado en las lecturas de Eduardo Matos Moctezuma, recrea la leyenda azteca sobre la creación del universo.

En fin, Nava Espíritu, mochitleco de nacimiento nos muestra hoy su más reciente producción y a nosotros nos da mucho gusto presentarlo esta tarde, aquí en Mochitlán, pueblo de un clima agradable con vegetación de transición de montaña-costa”.
Gela Manzano
Mochitlán, Guerrero, 8 de septiembre del 2007

“Tenemos entre nosotros al autor de “Oración a los Humanos y otros poemas” de quien, por segunda ocasión estamos privilegiando la primicia de la presentación de su producción poética. El es: Erasmo Nava Espíritu.

Inquieto e incansable Erasmo nos entrega hoy su poemario “Cuando los Dioses hablan y otros poemas, de lo cotidiano a lo trascedentes”, que ostenta el sello de la Editorial Garabato.

Con este libro, Erasmo ratifica su vocación, su compromiso y su destino de poeta. En veintisiete poemas nos describe la vida de personas amadas o las características de lugares arraigados en su corazón y recreados en la vocación del recuerdo.

La poesía de Erasmo despierta el calor de experiencias personales que producen la necesaria chispa de su intuición creativa. Curiosea con todo lo que le rodea: plantas, animales, objetos, parques, jardines, edificios, bulevares, avenidas, mujeres y hombres; sensible ante las vivencias más hondas, escudriña sueños, sentimientos, anhelos y deseos.

El metro y la rima _tan apreciados en otros autores_ muestran una sana distancia del quehacer poético tradicional. El verso libre -en su estilo propio- utilizado en su poemario “Cuando los Dioses hablan y otros poemas, de lo cotidiano a lo trascedente”  nos remite en su lenguaje cotidiano, a estados de ánimo cuya gradación va de lo melancólico a lo dolorido y, hasta lo doloroso.

En cada uno de sus poemas encontramos una visión de su universo y el secreto de su alma: un ser [el poeta] y unos objetos [la vida y sus circunstancias]: todo al mismo tiempo.

Inmoviliza la vida haciéndonos habitar el lugar de los hechos con sus dichas y penas en un instante poético encadenado en el tiempo. Y, en ese instante poético, Erasmo nos conmueve, nos consuela o, nos sorprende con su manera apasionada y apasionante para describir lo humano y su circunstancia, enlazando, cito a su prologuista: “…emociones, sentimientos y pensamientos [para] buscar en lo cotidiano el rostro de lo trascendente….(2)

En la obra de la cual nos estamos ocupando, nuevamente cito al prologuista: Erasmo acude a la sincronía y hace del espacio y del tiempo sus aliados;…juega con los escenarios y sus personajes, dilata los segundos y los días, los presenta como un suspiro. El autor logró arrancar de los rostros e historias cotidianas lo trascendente…(3)

Se ha dicho que el hombre es la única criatura que recuerda el pasado, teme por su futuro y, enfrenta a la vida como un milagro y a la muerte como un misterio.

El aserto anterior me permite traer a la consideración de mis oyentes, los poemas  Facunda (la loca) (pp. 35-37) y Ninfo, El soldador del pueblo (pp. 38-40). Dos criaturas rescatadas del olvido que el tiempo y la incuria imponen a los hombres; ellos, encararon su futuro olvidando su pasado, vivieron su presente de puro milagro y, la muerte los sorprendió de manera misteriosa.

Concluyo con otra cita debida a Samuel Butler: “Habremos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro…y sin embargo nos reuniremos, para separarnos y reunirnos de nuevo, allí donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los vivos” (4).

Facunda y Ninfo viven ahora en nuestros labios gracias a Erasmo Nava Espíritu; sin embargo, muchas Facundas y muchos Ninfos esperan su turno y, están pendientes de ser exhumados por nuestro poeta. Ellos también, merecen estar “en labios de los vivos” o, en los proyectos poéticos de los Erasmos mochitlecos que quieran devolverlos a nuestra memoria”.
Delfino Alarcón Ventura
Mochitlán, Guerrero, México, 8 de septiembre del 2007

“Los estudiosos del lenguaje escrito, sostienen que el autor de toda obra, imaginariamente se debe hacer acompañar del lector en el viaje del conocimiento. El autor debe pensar que lleva a un amigo por los pasadizos del libro, deteniéndose en los paisajes más bellos y que las partes complejas las vea con disfrute. Que el lector incluso pueda ocupar el lugar del personaje que inspira al que crea. Que esos dos seres en comunicación vivan sueños, ansias, temores. No olvidemos que la persona inspiradora del poeta, muchas veces al final, es también un lector.

La creación literaria que ahora recomiendo, es para deleitarse, no tan solo porque está escrito de forma llana y franca, con una voz sencilla, sino por tantas otras razones que todo lector descubrirá por sí solo, además de que su estructura es idéntica a la expresión cotidiana que usamos todos los que por estas tierras nos criamos.

Creo de algo debemos estar ciertos y seguros, que cada quien con su personal formación, cada vez que leamos la poesía de Erasmo Nava Espíritu, tendremos hallazgos que nos obliguen a regresarnos a releer líneas y fragmentos. Nos detendremos muchas veces a contemplar la voz que habla en estos poemas; a darle volúmenes y sonoridades. A fijar la atención, a cómo inicia desde su interior y se va abriendo paso, no sólo a través del espacio físico, sino también en la dimensión emocional, que delimita la experiencia, la forma muy personal de sentir y pensar su mundo, donde a veces hace una especie de balance de lo logrado y lo perdido.

Estamos ante un hermoso regalo literario, una caricia de vivencia plena, un vendaval que cruza por el presente, con dirección al futuro. Nos muestra las identidades del amor familiar, la añoranza y la permanente espera del día mejor, los sueños reconstruibles; y a la vez nos regala la inagotable ternura, sus esperanzas, sus convicciones, la paz y la libertad.

En poesía, cada imagen es una defensa de la idea. La figura poética siempre será producto del ingenio y la creatividad de quien la crea. Es importante visualizar en la estructura, cuándo es un poema bien logrado, o bien puede ser una creación que ubique al lector en la sugerencia de evolucionar el pensamiento.

El creador de poesía, bien puede iniciar una producción a partir del gusto, la alegría, el bienestar; o del dolor, desagrado, o desencanto. Otras veces, la iniciación puede estar en los ánimos del poeta, cuando desea romper con lo rutinario, con el acontecer mecanizado.

Señoras y señores, en la obra que comentamos ahora “Cuando los dioses hablan y otros poemas, de lo cotidiano a lo trascedente” de la inspiración del poeta mochitleco Erasmo Nava Espíritu, se encuentran dos poemas que fueron seleccionados para formar parte de la antología Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana, editada por Lord Byron Ediciones, en coedición con Visión Libros y compilada por Leo Zelada, en Madrid, España. Los poemas que ahora recorren el mundo, y que internacionalizan a Erasmo son “Ángeles urbanos” y ” Caminar por la noche en la gran Ciudad”. Qué excepcional que hasta otras latitudes del mundo se conozcan las creaciones literarias de nuestro paisano.
Con la intención de conocer con ustedes la profundidad de estos poemas, intentaré interpretar al menos uno de ellos, y éste será: “Ángeles urbanos”; para ello, diremos que los ángeles urbanos de Erasmo, llegaron al centro de la ciudad motivados por la preocupación verdadera, desplazándose entre la multitud de avenidas, vehículos y gente. Esos “ángeles”, en la concepción de Erasmo, fueron como seres enviados y ayudados por el Gran Hacedor de la naturaleza, los que “curaron” sólo con su presencia a Erasmo, quien se debatía entre el dolor físico y emocional que le provocaba una fractura y una luxación.

El poema “Ángeles urbanos” es la descripción de un acontecimiento de la vida real, sucedido a Erasmo Nava Espíritu en la Ciudad de México en ocasión de sufrir un accidente,  y esos “Ángeles urbanos” así llamados por Erasmo, son sus hijos y su esposa. Con estos breves datos, podemos darnos cuenta que en este poema el aderezo principal no es el imaginario, sino un hecho de la vida real, donde fue de verdad el dolor físico en Erasmo y el dolor emocional en la familia de Erasmo. Queda manifiesta la agudeza de la comprensión y la interpretación de quienes seleccionaron esta hermosa pieza para publicarla en la antología Nueva Poesía y Narrativa Hispanoamericana.

Notemos que el poema que tomamos como ejemplo, de los dos que incluyeron en la Antología, es un poema citadino -igual que el otro-; los dos describen e interpretan el sentir y el pensar de un creador que registró la experiencia de vivir su niñez en el amoroso y apacible pueblo de Mochitlán, Guerrero; posteriormente, el resto de su vida ha transcurrido en la agitada y vorágine ciudad más grande del mundo, la Ciudad de México. Todo esto debe explicarnos el por qué Erasmo se ocupa de ponerle la coloración de su entorno citadino a casi todas sus creaciones. Qué partido y qué ventaja más excepcional veo en Erasmo Nava -“en pincelar con ingenio personal la poesía citadina” -y bien que aprovecha Erasmo sus dos nacionalidades “su nacionalidad mochitleca” y “su nacionalidad defeña”.
Juan Ramos Valenzo
Mochitlán, Guerrero, México, 8 de septiembre del 2007

“Gobierno del Sol-Gobierno del Hombre”:
“Es la ciudad quizá uno de los tópicos que más han usado los poetas mexicanos y los músicos.
Desde los desmembradores de esta ciudad madre que no los pudo amamantar, hasta los símbolos esmerilados que derrama lo espeso de su noche. Erasmo Nava, toma los elementos fantasmagóricos de los significados citadinos, y los transforma en personajes. Nos muestra esa ciudad ícono imaginario y tangible también que un poeta idealista podía tener. Ciudad que no encuentra en los vagabundos amaestrados por la locura, o en la extrañación primera de los transeúntes hacia los seres en conflicto. Se toma de la mano de sus hijos y los lleva, lo llevan a él, a un recorrido por las escenas inverosímiles de sí mismo; se fotografía; se ve allí con la amada, marchándose, caminando con la ciudad a  cuestas, con los amorosos de piedra en la espalda, cargándolos como un monumento azteca, pesadísimo por tanto tiempo guardado en sus entrañas. Erasmo, se aferra a las figuras de la mente, en donde el pasado siempre es mejor. La perfección reluciente de los momentos vividos, decisivos en la carrera de su vida, aparecen impecables como en un sueño espasmódico, o en una película, en donde todo se silencia de pronto y se vuelve lento,  milimétricamente estudiado. De pronto aparecen también el jardín botánico, con la variante de que los insectos quedan lejos, atrapados en una realidad desconocida; adentro del parque, en donde sucede algo que no queremos conocer, y en donde el deseo, es oscuro como un murciélago cayendo del cielo de una gruta; si esos personajes casi bíblicos que aparecen en las esquinas para pedir piedad con su miseria a cuestas, voceadores del futuro de paz sobre su humanidad. Erasmo los convertiría en heraldos del infierno, a fin de cuentas el infierno es esto, en donde habita el hombre, el pueblo.
La tierra es la carne, la tentación, y todo lo que esté en ella y debajo, es la perdición espiritual de los seres. Pero esta ciudad de Erasmo, pareciere conectada con el canto divino de las nubes, con los picotazos matutinos de los pájaros celestiales; sin embargo, algo por ser incomprensible, no se vuelve divino. Por qué la locura, la piedra que apunta hacia el demente, pareciera que Erasmo hiciese un corrido espiritual, en donde el ideal poético del ciudadano común, se fraguara en un canto para escuchar en el libro, la tonadilla de nuestras deficiencias, de nuestras necesidades, y ser complacido por el amor del prójimo hacia nosotros; su forma es de un antaño retocado con claveles matutinos, viajes hacia la nada que se ubican en todas partes, incluso en las fronteras bucólicas de la incertidumbre; y a qué más le podemos tener miedo, sino es a la naturaleza, a su fuerza contenida, a su furia silenciosa que nos gobierna. Pero por qué siempre el amor, ¿podemos decir enamoramiento?, el catalizador de estos pasajes, o de estos paisajes llevados, quizá porque el sol es reflejo, luna es luna; hacia qué luminoso destino nos invoca Erasmo, qué necesidad de vida le golpea las sienes; el espíritu es conciencia, pensamiento que gobierna el mundo del arte; qué mujer de cabello de fuego lo tomará para darle vida; qué nacimiento lo espera al anochecer; esa, es la espera de algo que considera fuera de sí. Pero algo tiene muy claro Erasmo, como todo ser humano; algún día el sol incendiará la tierra, y nos convertiremos en ceniza. Quizá, es tiempo de que el sol se apague”.
Andrés Cardo
Ciudad de México, viernes 9 de noviembre del 2007

“Para decir amor hay muchas lenguas. Para nombrar a dios hay muchos credos. Para que los dioses hablen hacen falta poemas. Cuando los dioses mayas crearon al hombre, lo hicieron porque hacía falta quien les dijera poesía. La poesía es la lengua de los dioses…de aquellos que caminan en el mundo y sufren como ángeles caídos el nuevo descubrimiento de asfalto y muros de concreto. Ahí donde doblan las esquinas esconden sus alas, se las quitan como las brujas de la huasteca se quitan los pies porque van a buscar nuevos bebés. Sangre nueva…Hay que bonito es volar a las ocho de la noche. Los poetas son ángeles caídos y buenos y por lo tanto malditos…Hay que ser un tanto gangster para ir por ahí sin sentir que de nuevo necesitamos las alas y queremos volar y no estar aquí. Sacuden los poetas sus alas y de ahí surgen sus cantos y cantan y se vuelven brujas y ángeles al mismo tiempo y vuelan y develan y desvelan al universo.

Erasmo lleva en su nombre aquello que lo hace posar su vista hacia atrás y hacia lo lejos. La serpiente emplumada se pasea por las líneas de sus versos. ¿de qué está hecho su espíritu? Vuela por la ciudad, por la inmensa ciudad remedo de otra gran ciudad que hoy también es remedo. ¿de qué estamos hechos? De tarde, de celos, de regreso, de alguno que otro beso y de nostalgias, y alguna vez he tomado la carretera hacia Puebla y he visto la presa Necaxa, alguna vez me ha atrapado la neblina y he parado el coche y he sentido el miedo de que llegue por atrás un coche y me empuje al vacío. Ahí por Huachinango estudió unos años mi hermana.

¿Cómo no perderse en los mares de las palabras, cómo no sumergirse en el  corazón cuando el ombligo ha quedado lejos…en Mochitlán por ejemplo?, ¿cómo no hablar de ciudad si las frondas de nuestro árbol vital llegan hasta la luna, hasta su ombligo?
Cuando los dioses hablan y otros poemas de Erasmo Nava Espíritu, es un libro de lectura fácil. Es un libro que conmueve. Transparente y sincero. Podemos ver amores, poblados, tierras e hijos. Es de Erasmo su corazón la tinta. Es Erasmo mismo la página. Violín y violinista al mismo tiempo. ¿Es un libro casi como un diario? El nos dice que sí. La facilidad para ser sincero es de tomarse en cuenta. La escritura es un acto de valor, y “Cuando los dioses hablan” es un libro muy valiente. Sorprende y no, la fascinación de los versos contenidos en este libro por el México antiguo, supongo que para dar frondas y frutos, es necesario hacer cimientos en la raíz. Encuentra en la narración la felicidad de la anécdota. Y así andando Erasmo encuentra sus versos…en este libro están contenidos sus pasos. El poeta no desperdicia su andar y se mira, huele, se toca lo que Erasmo ha vivido desde Mochitlán, Guerrero hasta la gran ciudad por la que sale a caminar por sus calles vacías de gente y llenas de versos. En la ciudad habita su nueva familia. Historia y familia son la materia prima de sus versos.

Para decir amor hay muchas lenguas. Para nombrar a dios hay muchos credos. Para que los dioses hablen hacen falta poemas. Cuando los dioses mayas crearon al hombre, lo hicieron porque hacía falta quien les dijera poesía. ¡Que hablen pues los dioses y se enreden sus lenguas esta noche! ¡Enhorabuena!
Mardonio Carballo
Ciudad de México, 9 de noviembre del 2007

“La poesía de Erasmo Nava Espíritu es una travesía por las cosas simples y también por la nostalgia, por aquellos lugares y seres que nos abren el corazón y nos enseñan a caminar por los recuerdos y los sueños. Es un viaje del que no queremos regresar porque nos sentimos parte de cada gesto, porque nos identificamos con los personajes de su itinerario, aquellos que desaparecen en la noche, que se estiran más allá del horizonte como palomas ciegas amarradas a los techos o a la sombra de esos ángeles urbanos que deambulan por la memoria con sus alas de ceniza, sobrevolando a ras de suelo los rincones donde los amantes se pierden sin mirar atrás.

Entonces la ciudad se alza como un eje que atraviesa lo cotidiano y lo trascendente, la ciudad con sus luces desahuciadas, sus aromas, sus rostros de piedra y humedad, la ciudad con sus antepasados que nos hablan en una lengua opaca, en un idioma de lluvia, como si fueran la venas abiertas de nuestra identidad o los dioses que en voz baja nos enseñan el color de nuestra muerte. La ciudad como refugio, como una puerta por donde pasan las horas cargando su soledad al hombro, por donde pasan los olvidados de siempre, los que se estrellan contra los ocasos o los que hacen del amor otro pretexto para estirar el día. La ciudad con los labios abiertos, la ciudad que cambia de nombre, que apaga las últimas estrellas que agonizan bajo los puentes.

Seguramente estos versos perdurarán en nosotros porque conmueven, porque respiran, porque son el testimonio de un hombre que encontró la manera más digna y más justa de abrazar las palabras y llevarlas de la mano hacia la eternidad de los atardeces”.
Mario Meléndez
Ciudad de México, viernes 9 de noviembre de 2007

“Si como lo señala Gema Santamaría en los comentarios previos de “Cuando los dioses hablan y otros poemas, de lo cotidiano a lo trascendente”, existe la divinidad en la poesía, ella se refiere a la poiésis que se encarga de los versos, en toda creación humana. Este trascender de lo cotidiano, es precisamente la visión del poeta: elevar cantos y dar sentido de renovación a lo ya visto; así encontramos en un lenguaje sencillo, forjado en la claridad de imágenes poéticas que subvierte este orden cotidiano, para como lo menciona en su título, volverlo trascedente. A esta renovación, Erasmo se entrega: busca la poesía en las cosas sencillas para devolvernos imágenes de belleza, que por lo vertiginoso del transcurrir urbano, a la mayoría de nosotros nos pasa desapercibido. Por ejemplo, en la narración del parque, nos recuerda que más allá de lo que percibimos como lo que constituye el espacio urbano, todo en él, lo hace para recordarnos que ahí está, con o sin nuestra mirada, la vida transcurriendo. En esta primera parte del poemario, nos hace la presencia anónima de los personajes urbanos: socorristas, vendedores y parejas, que transitan en la ciudad. Un observador que sabe conmover y conmoverse, entre detalles que se establecen en el aire, en los colores, en los cielos y los árboles, yacen en el autor de Cuando los dioses hablan. El tiempo, un tiempo de constante cadencia está presente en imágenes imparables, que se vuelve además, recurrente su presencia a lo largo del poemario. Ahí, nos encuentra, la brevedad del instante en el que estamos; lágrimas como palomas muertas, desnuda la potencia a la tristeza de la voz del poeta, quien no teme cantar. Erasmo sabe, que es más humano llorar, que quedarse inmune, contemplando el paisaje. Ahí, prepara en la belleza de la ciudad por la noche, un eterno soñar en vuelo de palomas. Sobre este escenario urbano, atardece, amanece, sopla el viento, llueve. El poeta hace que todo ello, marque su experiencia. Se sintetiza con el ánimo de la ciudad, y también en las ciudades, en donde se vuelve retrato para alzar su voz. En el último capítulo de poemas a la vida, Erasmo hace un recorrido por la cosmogonía azteca para recordarnos su voz. El mensaje de fondo es que nada viene de la nada, nuestras raíces están, y en ellas, hay un sufrimiento que se hará voz. El poeta, que cante entonces a la vida una poesía en donde se trata el entusiasmo, y también su anhelo. Misma que contagia, pues a lo largo de la lectura de este poemario, se vuelve una travesía amena, por las sensaciones, experiencias e ilusiones de Erasmo Nava, a quien felicito por este poemario”.
Jocelyn Pantoja
Ciudad de México, viernes 9 de noviembre del 2007

 

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