A Luz María

Hilvanas los recuerdos con tus manos
de las ausencias quietas que no están.

Amaneceres tiernos pasan por tus dedos
de tu inocente infancia allá en Oaxaca,
llenos de Guelaguetza, de monos de calenda
y de noche de rábanos muy fresca;
salpicados de juegos de pelota en Monte Albán,
y de las grecas tan profundas que hay en Mitla.

Pasan también los otros tiempos,
tiempos de ausencias muy lejanas,
cuando en silencio cruzaste las calles del mañana:
de los recuerdos, de la esperanza, de la sonrisa llana
y de voces ocultas en la nada,
vagando en esa ciudad por ti encantada.

Después

Pasa mi amor sincero
en la alborada,
a estregarte estos versos
¡oh! mi amada.

                         Ciudad de México, 22 de mayo de 1996

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