Con olor a violetas

A Lina Zerón

A veces,
te he visto meditando en el desierto
entre camellos y elefantes,
otras veces te he visto,
caminando entre las multitudes
sonriente y muy alegre,
otras más,
sembrando la palabra
[con “moradas mariposas”,
en otras tal vez,
te he visto llorar
y estar alegre al mismo tiempo;
pero también te he visto:
seria, con la mirada baja y preocupada,
añorando la vida o añorando la nada,
no lo sé,
pero añorando y preocupada.

Por ello,
antes de que el viento zumbando
se aloje en tus oídos,
antes de que el silencio invada tu memoria,
antes de que tu sombra caiga en el asfalto
y ruede,
contemplaré tus ojos llenos de rosas rojas
y tibias madrugadas,
y viajaré a tu lado,
muy cerca de tu aliento con olor a violetas:
disfrutaré tu risa envuelta en la alborada,
y el color de tu pelo en las alegres mañanas
brilla como si fuera el resplandor del alba.

Ahora,
quiero verte reír a carcajadas,
quiero que este momento lo recuerdes,
que lo lleves por la vida de la mano
y no lo sueltes;
llévalo a recorrer playas lejanas,
a contemplar barcos y velas en el mar abierto;
llévalo a conocer a mucha gente,
a convivir con grandes multitudes;
en fin,
llévalo a todas partes,
y quizás, hasta la muerte.

Ciudad de México, 27 de enero del 2008

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