Como caballos salvajes en frenética estampida

A la Humanidad y su proceso evolutivo

Los hombres primitivos
llegaron entre los árboles del bosque
recolectando frutos y raíces
y cazando enormes paquidermos,
que compartían con su comunidad; porque,
así eras tú, ¡oh Humanidad!, así eras tú.

Ante lo adverso de la naturaleza,
con ramas puntiagudas ellos se defendían;
y al frotar intensamente dos trozos de madera,
lo hicieron hasta obtener el fuego; porque,
así eras tú, ¡oh Humanidad!, así eras tú.

Al caer la tarde
en las montañas verdes y el desierto florido,
caían las semillas junto al río
de los frutos rojos y amarillos que comían;
a partir de ese instante y hasta ahora,
se transformaron en hombres sedentarios;
pero no fue sino hasta que alguien
de la comunidad dijo ¡esto es mío!,
que cambió el modo de vida para siempre;
ya que con ello
se encadenó al sol, al hombre y su conciencia;
porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Después,
emergieron los sastres
junto a los zapateros;
y los herreros
junto a los carpinteros,
entre otros tantos empleos;
originando así:
radiantes y florecientes pueblos; porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Más tarde,
a los campesinos despojaron de sus tierras
y huyeron a las ciudades emergentes,
se alquilaron en las manufacturas,
donde les arrancaron sangre,
corazón y vida; porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Como dientes de antiguos dinosaurios,
o murciélagos trepados en las grutas;
como caballos salvajes en frenética estampida,
o soldados muriendo en plena guerra,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Como pájaros negros volando en la alborada,
o elefantes heridos que se arrastran;
o como rosas rojas que en invierno
el frío acaricia y tambalea; porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

La guerra

Llenos de horror
corren soldados a la guerra;
como pálidos pájaros
se arrastran por el suelo y la ladera:
estallan bombas, silban las balas,
se escuchan ruidos, salta la tierra;
hay fuego aquí, hay fuego allá,
hay humo denso aquí y allá;
alguien se queja,
otros más lloran,
es la locura,
en un instante vuelve el silencio,
persiste el humo, en el silencio,
arden los campos, crujen las ramas,
persiste el humo, en el silencio; porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

El hambre

Allá lejos
se escuchan los lamentos,
y por la calle solitaria
corre un niño
extenuado y bañado por el polvo:
es delgado, muy delgado,
con el estómago inflado
y ojos grandes y profundos;
es la vida, es la muerte,
o es el espanto del mundo; porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Ante las atrocidades y el horror
que hay en el mundo,
abres tus ojos de raíces antiguas,
y avanzas con asombro hacia el futuro,
hacia nuevas y perfectas sociedades
guiadas por los avances tecnológicos;
pero mirando,
no a tu hermano atormentado por las
guerras,
ni al hambre que a diario lo acongoja;
sino mirando al universo y los planetas,
con la esperanza de ponerlos a tus pies;
porque,
así eres tú, ¡oh Humanidad!, así eres tú.

Ciudad de México, 2 de abril del 2009

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