“Ninfo”, El soldador del pueblo (Mochitlán, Guerrero)

Tu presencia en ese pueblo, solo y quieto,
era como la brisa en una playa lejana;
al recorrer esas calles
tan tranquilas y soleadas,
pasabas junto a las palmeras
con tus pasos sosegados, y tu mirada serena;
ejecutabas tu oficio
bajo la sombra de los tamarindos
y cerca de las enredaderas;
ahí, soldabas como en un túnel y despacio,
sin importarte el tiempo ni el espacio:
soldabas las sonrisas, pero también el llanto,
soldabas las palabras,
esas que lleva el viento hacia el quebranto,
soldabas el silencio, el tedio y el polvo
de las calles vacías hechas un canto.

Sobre tus cansados y caídos hombros:
llevabas el agobio de andar por la vida,
llevabas los silencios y el olor a huertos,
llevabas la frescura, de aquellas palmeras,
y el calor agobiante, de ese sol ardiente;
llevabas, también,
esos utensilios grises y colgantes,
y vasijas viejas, todas muy repletas:
del olor del campo y de las violetas,
de las azucenas y la flor de mango,
del carbón de leña, para el fuego lento,
del metal maleable, tendido en el tiempo,
del agua natural, clara y transparente,
y el soldador de acero, rústico y con temple.

Con infinito fastidio,
ante el silencio abismal,
después de soldarlo todo
y vencer al sol ardiente,
te levantabas sonriente,
cual perfecto extravagante
que lleva el mundo consigo;
después,
al volver a caminar
por esas calles soleadas,
todo en ti era un bamboleo;
por ello,
la gente que ahí pasaba,
te veía y se sonreía.

Sin duda,
eras un ser extraordinario:
te distinguías en tu andar,
en tu vestir habitual,
y en tu personalidad.

Recorrías por esas calles
con huellas de bueyes mansos,
con tu camisa teñida,
y tus pantalones largos,
con tus botas desgastadas
que parecían un espanto.

Con ese sol tan ardiente,
y el ruido de las palmeras
renovando el ambiente,
cada sentada tuya,
era un respiro de tu alma,
y un paso más por la vida.

La gente del pueblo toda,
te admiraba y respetaba,
por eso en la actualidad,
tu recuerdo quedará
para la posteridad.

              Ciudad de México, 20 de febrero del 2005

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