El parque

¿Alguna vez te has preguntado
lo que ocurre allá en el parque,
un día cualquiera por la tarde?

Pues verás:
los viernes, por ejemplo,
para ser más precisos, a las cuatro de la tarde,
comienzan a llegar las primeras parejas
de las oficinas cercanas,
buscan los árboles más altos y frondosos
y se cobijan en su sombra;
sentándose en la banca más próxima.

Entre jugueteos y sonrisas,
algunas parejas se abrazan, se sonrojan y se besan;
otras, simplemente se sonríen y se besan;
otras más, se miran a los ojos y se besan;
hay otras,
que satisfechas, se apoyan en los árboles
contándose lo ocurrido en la oficina;
y otras más,
que se recuestan en el pasto, unos sobre otros,
y al tener la vista fija al cielo
se percatan de las primeras gotas de la lluvia que amenaza,
o del viento fresco, previo a las tempestades;
o quizás,
de la llegada de los pájaros, y sus cantos celestiales.

Un poco después,
se empiezan a acercar los vendedores ambulantes,
quienes cansados y agobiados por la aventura del día,
buscan también dónde sentarse pronto;
al paso de media hora,
el parque ya está repleto.

Pero eso no es todo,
más allá de las parejas, las bancas y los ambulantes,
están los escarabajos,
que con la escasa frescura de la tarde
comienzan a transportar su comida hacia otra parte.

En fin,
en el parque, por la tarde, suceden muchas cosas,
tantas cosas que a veces vivimos sin reparar en ellas.

Como ves,
todo esto es lo que ocurre allá en el parque por la tarde.

                                         Ciudad de México, 10 de marzo del 2005

Comments are closed.