Caminar por la noche en la gran Ciudad (Ciudad de México)

Salir a caminar por la ciudad vacía,
con los deseos apagados por la lluvia
y las lágrimas como palomas muertas;
detenerse en una esquina sin semáforo
y ponerse a llorar sin lágrimas y riendo.

Volver a caminar ahora en la noche quieta:
llorando y sollozando con el alma herida,
llevando mis recuerdos como espuma salida de una
[catarata;
observar las luces fugaces de neón brillando como el

                                                                        [llanto,
y contemplar los edificios golpeados por el viento;
estar atento a esas señales e infinitos parpadeos
de solitarios semáforos de ojos fríos y ciegos.

Al sentir de pronto
el aire helado que dejó la lluvia,
me obliga a caminar un poco más aprisa
por estas avenidas que son como autopistas.

Es un placer no obstante
caminar en la noche por esta gran ciudad;
porque en la noche,
la ciudad es el “caballo de los sueños”:
que respira, gime y galopa,
y es un eterno soñar en vuelo de palomas.

                         Ciudad de México, 10 de septiembre del 2005

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